
Ohta Keiichi è un’artista davvero difficile da presentare, attivo a partire dalla seconda metà degli anni settanta è tra i fondatori di Panorama Hour, un collettivo artistico e musicale che si ispira all’estetica del periodo tra la fine dell’epoca Taisho (1912) e l’inizio di Showa (1926). Questo periodo è per il Giappone come d’altronde anche per l’Europa un periodo di fermento culturale, di grandi trasformazioni politiche e sociali, è il periodo delle avanguardie, del modernismo e della letteratura Eroguronansens, una corrente di scrittori di racconti a sfondo erotico/grottesco. Dall’esperienza del gruppo Panorama Hour nasce anche il trio musicale Guernica per i quali Ohta è una specie di direttore artistico: scrive i testi, i concept e realizza le grafiche degli album. Sarebbe riduttivo inquadrarlo come artista della new wave anche se in realtà i suoi numerosi progetti musicali, anche da solista, si inseriscono in questo contesto, viene recensito e ai Guernica dedicate intere copertine su Foolsmate il magazine di riferimento della scena Indy Giapponese. Dagli anni ottanta Ohta Keiichi non si è mai fermato di produrre illustrazioni e disegni all’interno dei circuiti underground di mezzo mondo, ha collaborato con il magazine francese interamente serigrafato Hopital Brut, per il periodico musicale bananafish di S.Francisco e numerose gallerie d’arte.
DILDODROME :: LAS PESADILLAS DE OHTA KEIICHI :: M
14 mag 2007 - 01:30 - #1[…] Descubrà al ilustrador nipón Ohta Keiichi bastante tarde: en 2003, en Tokio, me topé con una de sus repugnantes postales en una subterránea tienducha de snuff movies, fotos porno y tebeos raros. En la postal aparecÃa un niño obeso cuyas carnes se abrÃan y supuraban sanguinolentos filetes que eran comidos crudos por sus amiguitos. Desde entonces, Keiichi se convirtió en uno de mis dibujantes japoneses favoritos, uno de esos autores que (como Suehiro Maruo, Trevor Brown, Stu Mead, Blanquet y un largo y sórdido etcétera) encuentran en la ilustración una forma de vomitar sus pesadillas, de limpiarse por dentro para no enloquecer y acabar tirándose por la ventana o convertidos en serial killers, devoradores de órganos o molestadores de infantes (que no infantas, o también) mongólicos. El arte de Ohta tiene, en fin, un poder tan curativo para su alma como los sueños para el onironauta. Ohta Keiichi (Ota Kêiti para los amigos) nació en Tokio en 1957 y tuvo la suerte de ser joven en el Japón de los 80, una época en la que habÃa una importante escena artÃstica underground en su paÃs. Empezó haciendo discos de música rara y salvaje, siguió decorando sus portadas con atrocidades, continuó haciendo ilustraciones para revistas sadomasoquistas y terminó consagrado al arte extremo, defecando un buen puñado de ilustraciones e historietas cada año. En los 90, Ohta se convirtió en artista de culto mundial al aparecer en la visionaria revista cyberpunk “Mondo 2000″; más tarde, conquistarÃa las alcantarillas gabachas al aparecer en el periódico de crÃtica social hardcore “CQFD“, logrando meter algunas de sus obras en el colectivo Le Dernier Cri , para los que rodó su primera pieza de animación, tan brillante y demencial como su obra estática. Mientras, sus exposiciones se multiplican, llenando de horror las galerÃas más bizarre del planeta. Haciendo gala de un retorcido sentido del humor, Ohta plasma y condensa en sus imágenes toda la perversión, crueldad, locura y belleza que late en las tripas de Japón, unas tripas siempre dispuestas a ser rebanadas por el filo de una katana. El resultado es perturbador… sobre todo para el ojo occidental. Son escenas dantescas, dibujos para no dormir. Sé lo que están pensando: “Bah, ya nada me asusta en estos tiempos, todo está visto, no me impacta lo que hace este tÃo, la realidad supera la ficción”. Ya, pero… ¿PondrÃa usted un cuadro como este en el salón comedor de su casa? ¿Se imagina la cara de su santa madre cuando fuera de visita? ¿Cómo? ¿Que qué clase de individuo es capaz de pintar cosas como esta? Pues un tipo bastante normal (para ser japonés), si exceptuamos alguna pequeña rareza como, no sé, vivir entre muñecos de niños a tamaño natural o coleccionar botellas de formol llenas de insectos y serpientes. Pero, nada, ya les digo, son menudencias, simples anécdotas, porque, ya ven, Ohta Keiichi es un señor con pinta de no haber roto nunca un plato… ¿no? […]